Dos años de Ciclomontañismo en Iquitos
Tipo loco.
Vagabundeando por los caminos.
Así me tienta sentirme a veces cuando me encuentro, pensando al pedalear, qué hago aquí, haciendo esto. Si es sólo por este raro placer masoquista o es por el pretexto de siempre, que estoy haciendo esto para abrir nuevas rutas para el turismo, etc. Así, cuando la universal pregunta que te hacen en el camino de “¿a qué vienes aquí?”, “¿cuál es tu misión?” o cualquiera de sus variantes locales, que ahora a mí me cogen en esta especie de estupor en que te sume el tomar así la selva y que notas al detenerte a “tomar aire”entre tramo y tramo de una ruta amazónica, cuando me preguntan esto ya no sé qué decir y pongo esa cara boquiabierta, extática y muda que lo dice todo: “...vengo pues...simplemente...a disfrutar!!!...”

“¡Aasu! Cómo calientan los motores aquí afuera!” piensa uno al salir, de noche, del aire acondicionado del avión a la escalinata. Ya en la pista, entendiendo que es el clima y no los motores comienzas a preguntarte si en esa densa, tibia mezcla de dulces gases es posible hacer algún esfuerzo físico.
La sgte pregunta es cómo se puede sobrevivir en este caótico tráfico de 90% motocarros y motos y 10% de micros. No aparenta ser un buen ecosistema para las bicicletas, aunque se ven algunas.
Dos primeras impresiones equivocadas, como muchas acerca de esta ciudad. De hecho, no sólo es posible el trabajo rudo y el deporte, sino que se constata que cierto ritmo metabólico superior al de la actividad normal, mientras puedas sostenerlo, refresca el cuerpo más q el reposo. En los casos extremos, no raros, al poco tiempo uno siente que no puede haber vida fuera de estos aires.

En cuanto al tráfico, resulta que el aparente caos guarda una especie de racionalidad del desorden q se comprueba en la baja incidencia de accidentes graves. Se suelen respetar las preferenciales y las luces rojas, aunque las prolongadísmas ámbar sean una lotería. Sorprendentemente, los motocarristas no suelen abusar del ciclista aún en situaciones en que podrían hacerlo normal no más. Se conserva y respeta la derecha, aunque no recomiendo al ciclista hacerlo por la obvia cuestión de los motocarros y micros deteniéndose bruscamente a ese lado. El parque de cuatro ruedas sería despreciable si no fuera por la letal presencia de los micros. No combis ni custers, sino micros: ubicuas malformaciones de lata y madera montadas en chasises overhauled Toyota o coreanos de tres toneladas manejadas por infrahumanos q aparentan profesar un fervoroso odio a la vida. Los peores de su especie en el Perú. A ellos sí hay q temerles, pero conociendo sus rutas y sus perversas intenciones es posible driblearlos. Pero en definitiva, para quien viene de Lima, luego de un breve período de confusión/adaptación, el tráfico iquiteño es perfectamente controlable.
Lo que no se percibe tan inmediatamente pero que hace tan famoso a Iquitos, aunque se malinterprete esa fama, es la impresionante cantidad de mujeres bellas que lo pueblan. Tal vez sea simplemente una consecuencia estadística del hecho de que parece haber no menos del doble de mujeres que de hombres (normalmente parece más). Entonces, a más mujeres, más bellezas. Y si uno se sacude un poco los estereotipos convencionales de belleza que distorsionan nuestra percepción, cosa natural en un clima que sensualiza tanto nuestro metabolismo, resulta que prácticamente a todas las encontramos hermosas, que no es lo mismo q ser bellas pero que en todo caso designa con rigor a estos magníficos ejemplares de humanidad femenina. Bienvenidos a la capital de la Amazonia.

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Iquitos (115msnm)está en una lengua afilada de tierra entre tres ríos: Itaya a la derecha, al E; Nanay a la izquierda, al W y Amazonas al extremo derecho, al NE. La zona urbana propiamente dicha tiene unos 5 km de largo S-N q se prolongan al N por una zona portuaria e industrial otros 6 km q rematan casi en la actual confluencia del Nanay y el Amazonas en el puerto artesanal de Bellavista-Nanay. El ancho en el centro urbano es de unos 3 km, limitando al W con un sistema de cochas y tierras de inundación del Nanay llamado Moronacocha, q tambien es puerto de invierno, al E con otro sistema análogo del río Itaya, algo más bajo (entre 1 y 2 m) pero de acelerada sedimentación y q sólo desemboca en el Amazonas, ya fuera del campo visual al nivel de la ciudad, por un canal de dragado. En las dos orillas el recurso escénico es invalorable pero se despotencia por ser ambas destino fianl de todo el desagüe de la ciudad, que se vierte crudo, y, en el caso de Moronacocha, además por una evitable tugurización q bloquea la vista. El centro, pegado al E, al malecón o “bulevar” que mira al Itaya y a la Amazonia al NE sigue el modelo de damero que al alejarse se va adaptando a la topografía, ligeramente ondulada y con algunas quebradas vivas. Aunque en retroceso, se conserva un buen volumen de patrimonio arquitectónico monumental. Es necesario promover su restauración, conservación y puesta en valor mientras la ciudad encuentra su propia arquitectura contemporánea. Al S se encuentra la zona suburbana de San Juan, de acelerada incorporación al ámbito urbano y que limita con el aeropuerto y el inicio de La Carretera Iquitos-Nauta. Al N, cruzando el Nanay por Bellavista, hay una gran zona ya deforestada y degradada ideal para el futuro crecimiento urbano pero explicablemente despreciada en vista de las aparentes ventajas y facilidad del crecimiento hacia el sur y la carretera. Un sencillo sistema de ferrys corregiría esta distorsión y balancearía mejor la asimétrica expansión de la ciudad.

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“Es imposible” sentenció desde su moto el exciclista al interrogarle acerca de las posibilidades de practicar ciclomontañismo en los alrededores de Iquitos. Y en verdad, en ese momento, pleno Invierno amazónico, la categórica afirmación resultaba más que creíble, sostenida por la información del mapa ecológico, que define a la región como “aguajal”, bosques de aguaje, esas palmeras prehistóricas, bosques oscuros, húmedos y lóbregos, hábitat favorito de sanguijuelas, anguilas eléctricas, anacondas y enfermedades sin nombre. Bajo un tiempo q parece confirmar eso de que “aquí, en verano llueve todos los días y en invierno llueve todo el día”, las perspectivas para el MTB se oscurecían. Pronto entendimos que no era tanto así y a los dos años ya tenemos un patrón opuesto. Así, pocas semanas después supimos que normalmente no llueve a diario y q se presentan varios veranos dentro del “Invierno”. Y es que aquí, además de llamársele “Invierno” en específico a la Primavera-Verano austral, más frecuentemente se usa en genérico para designar cualquier temporada nublada, fresca y húmeda que se presentan, 4 a 8, a lo largo del año. En contraposición, se llama verano a los períodos bonancibles, soleados y cálidos q son la regla.
Aunque, en efecto, las lecturas del pluviómetro, aunque irregulares, dan algo más de precipitación entre octubre y abril, el hecho no es muy aparente y la sensación que se tiene es de que aquí llueve parejo todo el año pero en todo caso menos de lo que es fama. Sí es posible,en cambio, distinguir las estaciones por tipos de lluvia. Los cielos de Invierno, con nubosidad completa a todas las alturas suelen producir laaaaaargas garúas eventualmente intercaladas por tormentas moderadas entre bonanzas. Este tiempo parece asociado no sólo a la ZCIT sino tambien a la dinámica del Caribe y Atlántico tropical, incluso a los roaring forties de este océano.
Este tipo de precipitación, que lenta pero seguramente va saturando el suelo, es la mayor limitante climática para lo nuestro. Las lluvias del Verano, en cambio, provienen de veloces cumulonimbus vagabundos. Bulliciosas, violentas y breves, acompañadas de vientos hasta huracanados y la parafernalia completa, sólo humedecen el suelo superficialmente. Los períodos fríos o inviernos dentro de esta estación están asociados al invierno austral en la Patagonia y aún en el Pacífico Sur. Esta es una gruesa generalización correspondiente a un período de observación insuficiente que se puede complementar con las 2 o 3 grandes tormentas q se pueden presentar en cualquier temporada causando grandes destrozos.

Lo que sí es determinante estacional es el régimen fluvial. Aunque las lluvias en el llano amazónico producen notorios incrementos en el caudal de los ríos de segundo orden, el determinante de la creciente es el caudal de los grandes ríos de origen andino que, al subir significativamente de nivel, embalsan a sus afluentes menores iniciando un proceso hidrológico que por vasos comunicantes activa quebradas estacionales e inunda áreas de altura (aquí se llama “altura” a todo lo que esté fuera de los lechos y terrazas de inundación) varios metros por encima del nivel del río, que por entonces ya ha perdido su significado de corriente de agua por un cauce para convertirse en una lámina masiva y casi inmóvil, deslizante, ilimitada de agua. Esta condición es la otra gran limitante del MTB en la región pero sólo condicionada a la saturación del suelo proveniente del clima local tal como se pudo constatar este año con la irregular creciente originada por los deshielos del inusual Invierno Sur. Aun sabiendo q esta es toda el agua de los Andes reunida, aún viviendo aquí nunca deja de ser impresionante, inimaginable su volumen.
Todo este engendro teórico se hacía palpable en las diarias pedaleadas al trabajo. De 7 kms de distancia, sólo dos son de asfalto y el resto constituye todo un muestrario de los tipos de suelo y superficie que me tocaría rodar. Contra lo que se podría esperar, aunque en la zona abundan el limo y la arcilla, parece predominar la arena, una muy blanca y muy fina, asociada por aquí a la cuenca del Nanay. Salvo las superficies puramente arenosas, que no abundan, todas las combinaciones son excelentemente rodables en seco. Hay arcillas –gredas- de todos los colores pero predomina la rojiza, que al mojarse en pocos minutos se convierte en una masa pegajosa que se adhiere de llantas y zapatos y hace imposible cualquier tipo de desplazamiento. Las plomizas, en cambio, favorecen la formación de charquitos que al multiplicarse en los caminos hacen insufrible la pedaleada y aislados y mayores suelen presentar sorpresiva, infranqueable profundidad (se recomienda siempre ensayar el respectivo wheelie o caballito al atacarlos). Otras superficies, arenosa-arcilla roja a amarilla o arena-limo plomo, al mojarse no evacúan el aire y se vuelven de pesadísima rodada. La mejor combinación para el agua, felizmente abundante, es arena con limo oscuro a negro, que al saturarse se endurece e impermeabiliza permitiendo una rodada solvente aún con un metrode agua encima. Esos eran los factores entonces. La propia experiencia se enargaría de llevarnos a conclusiones palpables.

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Todas esas obsevaciones y conclusiones fueron llegando esn su momento. Después de dos meses de inactividad ciclística que excceptúa todo lo que no fuera estrictamente transporte, me consideré aclimatado. Este es un factor importante. Vivir a 25 ó 26ºC en promedio,con largas máximas diarias de 30+ºC (sensación térmica =34+ºC) implica un ritmo metabólico muy diferente al correspondiente a climas templados y aún subtropicales. Hay que prepararse y acostumbrarse al más alto ritmo de deshidratación, lo cual no es poca cosa. También hayq estar preparado para repentinos cambios de presión atmosférica, q al afuerino pueden ocasionarle jaquecas.
Obviamente, lo primero era La Carretera. Según los datos, o sin ellos, de ahí debían partir todas las posibilidades de exploración. Aún subestimaba el papel de los ríos como las verídicas troncales, aún para lo nuestro. La carretera Iquitos-Nauta es uno de los sueños ignorados del ciclista pistero peruano y aún del montañero en relax y del paseandero casual. Su primer tramo, 57kms de buen asfalto desde la ciudad hasta el puente sobre el río Itaya, se recorre siempre con sumo placer dados el paisaje, aire puro y el escaso tráfico. Casi nunca hay viento pero sí se sienten las subidas de presión. Desengáñese quien espere encontrar largos planos. Las alturas divisorias de las cuencas del Nanay e Itaya, por sobre las cuales corre buena parte de la vía, son siempre onduladas y al cabo del recorrido final de ida y vuelta se totalizan no menos de 500m de ascensos. Pasado el río Itaya, que sigue dirección grl W hasta q cruza la carretera y vira a N-S, paralelo a ella, la fisiografía cambia completamente y la predominancia de arcilla es evidente. El terreno es más quebrado y con mayores desniveles, pero el corte se las arregla para ser, si no más plano que el primer tramo, sí repartido en más largos y suaves ascensos, salvo una sección de carrusel al centro. A pesar de su brevedad estos 37 kms son clásicos. Un paisaje impresionante, menos impactado que la parte asfaltada pero en franco retroceso, la mejor superficie rodable imaginable (pero ojo q la menor lluvia la convierte en una masa intransitable aún a pie) y la refrescante llegada, al cabo del mayor repecho, a una ciudad con una gran ribera y cebiche y cerveza helada serían suficientes, pero lo determina el hecho de que a esta etapa le queden sólo unos meses de vida sin asfalto. Otra lección: aquí todo es tan efímero. Ni siquiera al estar asfaltada y ni siquiera el primer tramo se librarán de ese sino. La culminación de esta vía provoca expectativa al extremo de ser una demanda regional y se espera q al estar concluida se incremente mucho el tráfico entre las dos ciudades. Pero, sobre todo el primer tramo, no está acondicionada para un gran volumen y no tiene dónde crecer. Por otro lado, los problemas de erosión derivados de la deforestación son permanentes y crecientes. Todo el recorrido es un muestrario de esto. Por último, los caprichos del Amazonas parecen involucrar, dentro de los pxmos diez años, buena parte de la carretera, obligando un replanteo que incrementará el desastre ecológico que ya configura esta carretera, más apurada solución a un problema demográfico que efectiva vía de comunicación. Que esta enseñanza no quite el placer de recorrerla.

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De La Carretera parten algunas vías de segundo orden de las cuales la más notoria es la que lleva a las comunidades ribereñas de Zungarococha, Pto Almendras, Nina Rumi y Llanchama, sobre el Nanay. 25kms de variado terreno que se complementa con los 8 kms q unen la ciudad y esta vía con el balneario de Santo Tomás hacen 33kms de entre 2 y 6 m de ancho. Receorrido pintoresco, instructivo, necesariamente complementario con el River y City Tours convencionales. No espere el paseante mucha selva virgen, pero sí un agradable paisaje rural de chacras, piscigranjas, plantaciones forestales y una vistosa tangente al Nanay en el puerto de Nina Rumi para culminar en la surreal cocha de Llanchama. Los amplísimos, variados celajes de la zona de Corrientillo le confieren el valor escénico a una vuelta q siempre se repite con gusto. El terreno, casi plano o de largas ondulaciones y la variedad de superficies, desde arcilla dura como concreto hasta arena ligera, el tráfico casi inexistente, le confieren el grado de dificultad leve, clase II+, ideal para niveles introductorios, entrenamiento regular y aún paseos casuales y cicloturismo light. Con el incremento de la humedad en el piso la dificultad y el esfuerzo aumentan pero en general, aún bajo condiciones de lluvia más q moderada, siempre se presenta un línea de rodada continua.
Rutas imprescindibles estas dos, tal como se presentan en la actualidad alojarían con holgura una población ciclo aficionada equivalente a la de ciudades como Arequipa, Trujillo, Cusco, incluso Lima. Aquí nadie las usa. Espero poner fin a esta situación porque son sólo la punta del iceberg de la enorme red de caminos amazónicos. Y todo desperdicio es lamentable.

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De cómo se fue penetrando a la mata (literalmente), lo que implica encontrar el significado de los singletracks en la selva baja, el desmentido de casi todas las ideas preconcebidas, propias y ajenas, acerca de lo que esperaba encontrar a este nivel, el uso de los datos, los certeros y los falaces, el entendimiento de lo q se conoce como “carretera” por aquí, en fin, todo ese proceso poblado de repetidos clímax q hubieran sido épicos si al voltear atrás instintivamente para compartir el gozo estuviera el compañero q nunca aparece, en fin, la historia, pertenece al anecdotario - demasiado rico para seleccionar algún caso sin ser injusto o acaso impertinente para estas líneas - q abarca desde el repetido pasmo ante las bellezas q se descubren en los más interiores poblados hasta el ser víctima de abordaje y desembarco, en la canoa en que enlazaba dos etapas de alguna ruta, por un arácnido monstruoso y letal, pasando, por supuesto, por la clásica porteada a ninguna parte a lo ancho de un aguajal interminable.
A los pocos meses debe haber sido la primera salida fuera de los doubletracks siguiendo una prolongación peatonal de la carretera a Llanchama q comunica con otros poblados aguas arriba del Nanay. Muy nuevo por aquí, no me atreví más q unas cuantas cuadras de prometedor sendero, que en un brevísimo recorrido ya había pasado dentro del bosque y me daba una miradita de lo que podía venir. Como me habían advertido q aquí no se podía y como no estaba seguro de qué clase de alimañas se podían ocultar en esas plantas q con demasiada frecuencia me acariciaban las pantorrillas, al poco rato me di media vuelta y me sentí aliviado al retomar el doubletrack.
Esa fue la primera aproximación. La fiebre prendió en una ocasión en que después de 5 km de una buena ruta carrozable q hacía por primera vez, tocaba hacer la amplia curva a la izq al coronar una buena cuesta, pero resulta que siguiendo de frente se veía un tentador sendero al asomarse al cual mostraba una sección de impecable descenso técnico seguido de un como puentecito de troncos y de ahí al bosque. Semejante ingreso-de-parque-de-diversiones fue demasiado. Me mandé y terminé, 3 kms de exhilarante carrera después, coronando otra buena altura: un cementerio en la cima de una colina totalmente descampada que ofrecía una extraña, inusual perspectiva de la selva que desde aquí se presenta como fragmentada en varios planos visuales como simulando un juego de espejos. Alucinante. La ruta culminaba con 5 cuadras de descenso, limpio y veloz, hasta el poblado de San Carlos en el río Itaya. Increíble, salvo unas secciones de barro y agua que habría que estudiar para encontrar la línea, 100% ciclable clase IV y, para ser primera muestra al azar, era más que prometedora, aunque le faltaba distancia.

Lo importante de esta primera aproximación fue que en ella tenía un muestrario de las clases de sendero q iría encontrando y sus características más generales, lo cual sería útil a la hora de recopilaar información. Pero antes de hacerlo hay que entender lo que en la selva se conoce como “carretera”, indesligable de la forma de ocupación de la tierra. Desde que llegó el primer colono a la selva, hemos sido incapaces de verla con ojos no occidentales (o sea, con nuestros legítimos ojos). Así, a lo largo de las troncales –los ríos- van apareciendo poblaciones establecidas con criterios de habitabilidad determinada por la aptitud agrícola de la tierra, característica casi siempre subjetiva debida a que por cuestiones de clima, suelos, rentabilidad, etc, la agricultura tradicional en la mayor parte de la amazonia difícilmente pasará del nivel de subsistencia. Al poco tiempo, la agricultura migratoria cumple su ciclo y hay que conquistar las prometedoras tierras de altura y para este fin se construye la primera “carretera”. Esta es una trocha de entre 2 y 4 m de ancho que se construye simplemente rozando –eliminación de lianas, hierbas y arbustos-, tumbando –talando árboles-, y quemando los restos (no vaya a ser que quieran rebrotar), caminando, construyendo puentes y vados y eventualmente, casi siempre en zonas ya algo pobladas y obedeciendo a segundas intenciones políticas y/o económicas, se mete máquina. La intención es que tarde o temprano esta línea, que en algunos casos llega a 100kms o más sea la trocha carrozable que permitirá la penetración y colonización de nuevas tierras. De allí la denominación. Lo regular es que estas carreteras reciban mantenimiento hasta 10 o 15 kms tierra dentro hasta un nuevo centro poblado, generalmente a orillas de alguna quebrada navegable o cocha o tierras que fueron ricas en madera comercial o de mejores (léase: no tan malas) condiciones para la agricultura, pero como nunca pasó un carro debido a que la justificación económica de una verdadera carretera generalmente no procede, la selva, que no parece estar dispuesta a conceder más de uno y sólo un sendero a la vez, reclama lo suyo y al cabo de un tiempo tenemos un excelente singletrack que serpentea por esta trocha la cual constituye una amplia zona de visibilidad y amortiguamiento con la selva o purma que atraviesan. De estas vías de penetración salen otras vías menores de acceso a chacras o lotizaciones al interior. Inferiores a 1,5 m de ancho, bien pisadas y con obstáculos principales removidos, cuando coinciden con antiguos caminos indígenas son verdaderas carreteritas, con frecuencia las mejores, aunque en algunas partes los hombros aprieten. Otra categoría inferior de caminos serían los de mitayero que en ocasiones se presentan tentadores pero rara vez son ciclables poco más allá de su intersección o nacimiento. En algunos casos, cuando metieron máquina, la trocha se hace carrozable y llega a ser recorrida por vehículos motorizados hasta que la selva hace lo suyo y en algunos tramos la hace intransitable aún para peatones, que entonces encuentran y establecen la sacarita, el atajo de características trialeras q le dará categoría y variedad a la ruta cuando recorrida por ciclomontañeros. Esta tosca clasificación para Iquitos, sometida a revisión permanente, debe ser aplicable a toda la omagua. Es por este concepto de carretera amazónica que hemos tenido q especificar los anglotecnicismos de singletrack y doubletrack en vez se los españoles castizos de sendero, trocha carrozable (o trocha a secas) respectivamente, siendo el caso que al referirnos a la carretera no carrozable amazónica, a partir de ahora la llamaremos carretera en cursivas.

Esta discutible forma de penetración y ocupación de la amazonia la ha convertido de facto, en la vecindad de los poblados y a veces mucho más allá en una telaraña de actuales y potenciales ciclovías de montaña que recién comenzamos a penetrar pero que ya desde esa primera entrada a S Carlos podíamos caracterizar como excelentes ciclovías de montaña con componentes de vía y paisaje semejantes entre sí pero cuya distribución e intensidad particulares le dan su singularidad a cada cual: en zonas habitadas, pastizales y purmas, vías secas, sólidas, rápidas con el ocasional charquito de variable dificultad. Puentes generalmente ciclables, algunos muy bien acabados. Dentro del bosque, obviamente, superficies más húmedas pero por lo general sólidas; charcos más frecuentes y complicados se alternan o mezclan con zonas de raíces superficiales transversales; quebradas y caños más frecuentes, algunas con puentes encantadores, cosa seria: los hay de tronco rollizo simple o doble; de tablas simples o unidas; de tablones, de medio tronco, a veces no tan recto ni nivelado; de tronquitos unidos con una o dos líneas y vacíos tramposos entrellas. No son broma. La pena por el error (ojo que también aplicable a las porteadas) puede ir desde una enfangada total pero inocua hasta el shock eléctrico por anguila o empalamiento diverso. A veces, en los aguajales o en las tahuampas se improvisan largas secciones de tablones, ponas o aún tallos de aguaje abiertos que hacen las veces de viaductos.
Los obstáculos, las limitaciones del camino, allí donde en la sierra están en función de la piedra, (aquí no hay ni una) aquí lo están del agua, ya sea como precipitación, corriente o charco, como lodo o como una fina lámina que todo lo cubre después de la lluvia y se convierte en aceite sobre las maderas y cortezas q frecuentemente tienes q rodar: aún como destino último (o penúltimo, en caso de estar indeseablemente habitada) al fallar en clarear uno de esos puentecillos. Aún así, no es el limitante absoluto que se suele creer.

Y así fue, rodeando pantanos, sorteando charcos, in gravitando lodazales, trialeando raíces y quirumas, saltando caños, ajustando puentes, correteando rectas, afinando líneas, enrollando repechos, volando downhills como comprendimos que estábamos en uno de los mejores escenarios de MTB de aventura en el mundo. Obviamente, no han sido dos años dedicados en exclusiva, se hace lo q se puede: ¿se habrían agotado las posibilidades si por lo menos hubiera dedicado todos los fines de semana a hacer nuevas rutas? Creo q no. Generalmente una sesión es insuficiente para agotar una ruta y a medida que se entraba, los parámetros se elevaban. De los segmentos de 3 km de ida y vuelta q parecía la regla inicialmente, hoy la tendencia es a formar loops 100% ciclables de no menos de 20 Km. y la tendencia es a más. Por lo gral, no he hecho cada ruta completa más de una vez, xq cuando se consolidaba alguna, ya aparecían datos de alguna otra nueva y siempre hay que ver...
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Quedan en el tintero muchas cosas: el aguaje y la aguajina, ese brebaje aceitoso, la mejor hidratación y energético inmediato previo a cualquier ruta; el juane y el tacacho, inventos geniales q en un puño te dan una comida caliente en mitad de la ruta; y toooda la culinaria loretana; quedan los isangos, esos acaritos, tal vez la mayor molestia (q no es mucha) del viajero; queda la macondiana experiencia del viaje fluvial, los paseos en canoa por los caños, la fauna, la pesca, .......(falta....)
Lo que no debe quedar en el tintero es una breve reseña y comentarios de algunas rutas representativas. No las mejores, a esas aún no llegamos. Tampoco el orden en que las presento quieren decir nada. Simplemente se presentan en relación a su acceso.
Así tenemos que en Nuevo Horizonte, km 43,5 de La Carretera hay una vía de ingreso a la ZR Alpahuayo Mishana. La trocha es una recta de 2,5 m de ancho denro de la cual serpentea de un lado a otro el singletrack, generalmente estricto, a veces acompañado de líneas secundarias. Pasado el primer km habitado, ya en zona reservada, una sucesión de colinas altas ofrece en cada coronada la visión del camino penetrando claramente a la inmensidad boscosa. La ruta es una secuencia rítmica de subidas para plato medio q pueden complicarse por la arena, la erosión o el agua y bajadas a veces rapidísimas, a veces técnicas. Clase III con frecuentes problemas clase IV debidos a los factores arriba mencionados. Doce kms de limpia pedaleada amenizados por la periódica aparición (c/300 mts en promedio) de los inevitables charcos o lodazales, a vencer, según el caso, siguiendo una línea fina de ingravidez o una línea fuerte de velocidad pura que siempre puede acabar over the bars. Los sgtes 10 kms hasta el Nanay, no aptos para ortodoxos, combinan secciones porteables o difícilmente ciclables con mágicas secciones de extático rodaje por un bosque casi intocado. Recién entrando, una carretera transversal de huanganas en pleno uso da una idea de lo q se puede ver por allí.
Paujil, 5 kms antes, presenta una carretera sedita de 5 kms hasta su prolongación en una trocha semejante a la de Nva Horizonte, con sendero más complicado q el anterior pero q conserva su fluidez hasta el km 21 donde comienza una alternancia de zonas boscosas y varillales q ofrecen frecuentes problemas clase V y VI, permitiendo penetrar, ida y vuelta, hasta el río. Se ve mucho menos bosque q en la anterior ruta, pero es más ciclable por recibir más mantenimiento.

Casi frente a Paujil, cruzando la pista, está la carretera a Sta Marta del Río Itaya. La trocha, de 2 m x 8 km presenta un sendero absolutamente rebelde q hace olvidar la línea recta q sigue la trocha. Varios descensos de alta velocidad, con escaleras de barro hechas para ser saltadas y la mejor sucesión de puentecillos seleccionados para poner a prueba los nervios le inyectan la adrenalina, clase IV parejo con problemas clase V+. No detenerse si la primera quebrada grande, poco antes de llegar al pueblo, ha inundado 200 mts de ruta. Es ciclable hasta el mismo puente, aún con el agua hasta los ejes. La llegada es un downhill compuesto q remata en un tobogán vertiginoso que te coloca en posición perfecta de salto-si-no-te-mandaste-a-ajustar-el-puentecito (prohibido frenar). Al principio la mantuve como segmento de ida y vuelta hasta q una vez cogí un ramal que resultó completando un increíble arco por el pueblo de S Pedro y su notoria quebrada de Pintuyacu con ramal para perderse hasta el río Itaya y terminaba a 25 kms del inicio en Nvo Horizonte. La única vez q la hice completa llovió moderada pero permanentemente y eso sólo pareció mejorar la ruta. La longitud, una larga secci´n boscosa, un par de puentes difícilmente porteables y una trepada supertrialera clase V+ elevan a V la clasificación de la sección inicial.
A 2 km de pasado el puente sobre el Itaya está la trocha de entrada al poblado de San Joaquín de Omaguas sobre el río Amazonas. Algún empresario con intenciones depredatorias o acaparadoras de tierras o tal vez sólo para abaratar costos para sus expediciones de turismo “tubular” (trae y lleva a sus pasajeros “como por un tubo”a sus carísimos cruceros sin que chorree nada para la región ) a Pacaya-Samiria, encargó a la comunidad la ampliación de su trocha para carretera y ellos la hicieron de 5 ms de ancho atravesando una riquísima franja de bosque virgen de unos 6 kms de ancho. Como quiera que el personaje en mención incumplió su parte (pagar un precio ridículo) y sólo quedó en trocha, pront se convirtió en un exquisito paseo, tanto por el nivel técnico del camino como por el impresionante bosque que recorre. 1,5 kms de intempestiva entrada poco a poco se convierten en 6 kms del mejor trial q incluye algunas de las mejores subidas y bajads técnicas q hemos encontrado para terminar en 2 kms de velocidad hasta el poblado, que cuenta con un ventajosa ribera sobre el RíoMar y excelentes miradores para el sol naciente. Por mucho tiempo me quedé pegado en este segmento de ida y vuelta amenazando con postergar ad infinitum nuevas exploraciones si no fuera porque un conflicto de tierras con una comunidad vecina, derivado de los oscuros tratos con el empresario aquel, desembocó en la acelerada destrucción de importantes porciones del antedicho bosque. El camino debe seguir allí pero el entorno ha perdido mucho y ahí queda Omaguas ignorante de su real potencial turístico en vías de extinción. Clase IV+ con harto problema hasta clase V+. De lo mejor.

Ya en otro ámbito, una o dos horas (según el transporte elegido) aguas abajo del Amazonas, hay un istmo que lo separa del Napo algo antes de su confluencia. A orillas de aquel se encuentra el encantador poblado de Indiana y un poco antes, aguas arriba, hay un desembarcadero para llegar el puerto de Mazán, en el Napo, por un increíble singletrack asfaltado de unos 3 kms. Un verdadeo carrusel paisajístico clase I y II, sólo compartido con unos cuantos motocarros y motos. Después de una visión de las rápidas aguas del Napo y de degustar el insuperable puré de chonta local, se completa la ruta yendo a Indiana por un recorrido similar pero más estrecho aún donde l os motocarristas hacen malabares para pasar. El sueño del ciclomontañista enamorado o con familia, ideal para llevar a pasear y hasta enganchar en la práctica a aquellos q siempre se preguntan q hay detrás de todo ese fanatismo.
Hasta hace unos años una barra de arena baja, generalmente sumergida, a la salida de Bellavista, separaba nítidamente las aguas del Amazonas y del Nanay, q en ese punto dibujaba una curva de 90º y corría paralelo al Amazonas por un trecho hasta q este se iba por su curso a la derecha de una isla al cabo de la cual ambas corrients confluyen y se mezclan definitivamente. Consecuencia de dragados en Belén y el Puerto, esa barra se rompió y en ese punto es la actual boca del Nanay, q así pierde como 5 km de recorrido. Los ribereños siguen llamando Nanay a este nuevo brazo del Amazonas y en ese tramo, bastante pobaldo y ocupado además por la refinería de PetroPerú, bases de la marina y de la DEA, etc, los pueblos incluyen la denominación del río después de su nombre. Esta zona, mencionada al inicio y a la que se accede vía ferry amazónico desde Bellavista, etá cubierta por una intrincada red de caminos, desde huellas mínimas hasta carreteras antiguamente asfaltadas que comunican todos los poblados desde el Bajo Momón, afluente del Nanay, y la refinería, ya en el Amazonas. El eje de este sistema es la carretera Bellavista-Mazán, trocha q alguna vez fue carrozable (y q se está rehabilitando últimamente), hoy revertid a cómodo singletrack. El loop principal, en forma de 8, tiene alrededor de 40 kms y combina los más variados segmentos. Falta atacar toda la ruta a Mazán, de entre 80 y 60 kms según versiones. Lo ya hecho en esta zona, más de 70 kms aptos para todo nivel, de II+ a IV, es imposible de cubrir en un solo día.

A veces, algo de lo mejor parece lo más obvio. Sólo últimamente me informaron de esta: Felipe Caño es un canal que drena las colinas donde se asientan los suburbios al E de S Juan pero no sólo es el caño, sino una dispersa zona de inundación que obliga a portear como 20’ por unos pastizales perennemente lodosos y luego a lo largo del caño para luego empalmar una ondulante y muy húmeda carreterilla q termina a orillas del Itaya justo para chimbar en canoa y emprender 7 kms de espléndida ruta de airecillo andino hasta los confines de Puerto Alegría, donde se puede bandear nuevamente y emprender el regreso directo al infame portaje de FelipeC. Linda ruta: fácil,fluida, fresca, sin sobresaltos. Sin el mencionado obstáculo, evitable si se toma pòr el río, desde Belén, clase II+ a III, ideal para niveles intermedios de aprendizaje, paseos y cicloturismo ligero.
Desde el puerto de Sta Clara, al SSW de la ciudad, se embarca uno 20’ al caserío de S Pablo de Cuyana. El dato inicial hablaba de un pequeño segmento no mayor de 5 km que resultó en un tridente que totalizaba hasta 28 km incluyendo idas y vueltas. El más atractivo era el segmento central, único que penetraba al bosque pero q poco a poco se iba haceindo difícilmente ciclable por falta de mantenimiento. Pero a alguna parte iba y supe después q a la comunidad de Primavera. La excelencia de los senderos, la amabilidad de la gente y sobre todo el haber hallado ni más ni menos q la onírica pradera de los teletubbies me hizo regresar una y otra vez a pesar de que las incursiones eran algo accidentadas (incluyendo la graciosa anécdota del pollo y el peor wipe out). Luego vino un largo paréntesis y sólo últimamente regresé para encontrar que Primavera había limpiado el camino y este seguía y seguía mucho más allá hasta completar el alucinante arco de 30 km S Pablo-Primavera-Progreso-PadreCocha, aguas abajo del Nanay ya cerca de Bellavista. Esta ocasión, única, fue el non plus ultra: vas avanzando, te vas internando, vas superando los obstáculos y secciones complicadas e identificando los hitos q te avisan los incrédulos locales y te sorprendes tú mismo de la creciente calidad de la ruta (¿cuándo comenzarán las imperfecciones?) hasta alcanzar esa sensación de gozoso alivio cuando te confirman q si hasta allí has llegado montado, lo demás es papayita. Pero no: lo más bravo, una carreterita muy mal mantenida que atrviesa en sucesivas coronadas y bajadas las cadenitas de colinas q a manera de “costillares” caracterizan la margen izq del Bajo Nanay, lo más bravo, está en los últimos 5 km y le inyectan la postrera adrenalina. Y culmina épicamente cuando el semiinvisible sendero de pronto se arregla en una sección limpia y rapidísima de salida de las colinas q empalma con el singletrack asfaltado de PadreCocha. La perfección del camino, clase IV+, la bonhomía local y la sucesión de paisajes, desde la apertura más escénica hasta el encierro minimalista del bosque primario, todo bajo un mágico ángulo de insolación y saturado de inefables aromas, así como el hecho de acotar la ruta un enorme ámbito lleno de bosques, cochas, quebradas, y más caminos, que constituyen juntos un verdadero parque ecoturístico y de aventura aquicito no más, todo se confabuló para q me enamorara de esta ruta al extremo de ser la motivación de esta crónica.
Pero no se puede poner todo, pues. Falta. Rutas menores, docenas de posibilidades abiertas, cientos si pensamos en los confines de la región y localidades como Tamshiyacu, Orellana, Contamana, Pacaya-Samiria y un largo etc. Falta también anotar el inevitable método de prueba y error: el desastre bajo una tormenta más larga y q no avisó; o media hora de equilibrios calámbricos porteando tahuampas por sobre tallitos de chonta hacia la nada, o el ser fulminado por “la pálida” un día en que, en plena gripe loretana, que incluye conjuntivitis y otrs mortificaciones, decides salir de todos modos y te deshidratas en 10’. Pero algo hay q dejar a la imaginación o experiencia propia del lector condescendiente q me ha tolerado hasta aquí.
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Conclusiones y Recomendaciones.- para el visitante, es evidente que el costoso viaje a Iquitos es una decisión a meditar. Para el turista dedicado, educado y bien guiado y que se abstenga de intentar los tours convencionales, la experiencia premia con creces pero requiere algo más que los períodos de viaje habituales para otros destinos. Para el ciclista serio, y aún el ocasional en pos de la experiencia de su vida, bien se justifica quedarse más de un semana para incluir el aclimatamiento básico y los probables días off por mal tiempo. Aunque es posible cletear fluido todo el año, no recomiendo mayo ni octubre, meses q ostentan la mayor precipitación promedio histórica y, con reservas, los meses entre ambos. Agost y setiembre, en cambio, son ideales. Y aunque el clima siempre sorprende, la dulce y cálida hospitalidad y la cultura urbana te harán sentir como en casa y no dejan de guardar valiosas enseñanzas. Vale hacer notar que, fuera de los lugares más obvios, la delincuencia es casi nula. En el campo, eso sí, hay que ser bien pedalero: se pedalea todo el tiempo todo el rollo, las tres catalinas. El streeter y el trialero serios, por otro lado, encontrarán corto su repertorio para hacer rutas completas sin desmontar y de hecho, lo habrán mejorado después de pasar por aquí. Para tips más específicos como equipo y locaciones precisas, etc, comunicarse con este cronista.
En cuanto al sitio, la línea de fondo la dan las excelentes condiciones geográficas y sociales de la omagua para hacer caminos ciclables de impacto ambiental =0 en ella. Siendo una región en acelerada evolución , es posible q en la búsqueda del desarrollo se opte por la sostenibilidad o no . En ambos casos, pero sobre todo en el segundo, el ciclomontañismo puede convertirse en vector funcional de diversificación de la oferta turística (algo q se requiere a gritos) y potenciar el ignorado circuito de turismo alternativo (rural, temático, ecoturismo y de aventura) y su papel de mejor, más sano y eficiente redistributor de la riqueza. A nivel interno, existe en Iquitos y toda la región un solvente sector socioeconómico A/B y hasta C con capacidad de pagarse el nuevo turismo interno que es más económico y hará chorrear al campo el dinero actualmente encerrado y viciado en la ciudad. Autoridades y empresarios: a buen entendedor, suficientes palabras: el consultor turístico q suscribe está a su disposición. Los q lo practicamos, ya conocemos de q manera el ciclomontañismo pasó de la nada en masiva práctica q lleva bienestar, aún con el precario manejo turístico nacional, a las localidades q lo adoptaron como Pachacamac, Lunahuaná, Huasahuasi, todo Ancash, Cusco, etc, etc. Aquí, hay sobradas condiciones para convertirnos en meca.
EPILOGO O COLOFON DEPRIMENTE
Faltaba hacer la última ruta reseñada al revés, desde PadreCocha. Pero mi entusiasmo inicial al constatar que, aún en época muy lluviosa era perfectamente ciclable se trocó en la mayor pena cuando encontré q lo q fue la última sección, la llegada a Pcocha se había convertido en una franja deforestada injustificable. Resulta que en plena campaña política regional se apareció Toledo a cosechar votos para su candidata. “¿Qué quieren?” preguntó muy Pachacutec él. “¡carretera!” contestaron los pobladores, despistados por el espejismo de siempre. Y Toledo cumplió, al menos la primera parte. Sin un estudio que justifique la viabilidad económica y el retorno de una obra destinada a ser más fugaz q su impacto ambiental, sin saber q así cancela alternativas sostenibles (ningún turista quiere ver carreteras ni carros en la amazonia) dijo “¡Hágase!” y he aquí una trocha excesivamente ancha , expuesta a la erosión, discriminatoria con los caminantes, porque les suprime la sombra, en beneficio de los pocos carros, si alguno, q la recorrerám antes de encontrar su destino como singletrack, que llegará en unos meses, probablemente antes, al día sgte del desencanto electoral, cuando su inviabilidad costo/beneficio se haga notoria. Pero ya no será lo mismo. El bosque original se habrá degradado a una purma insana y el ecoturista, el de aventura, el alternativo, el del mercado en mayor crecimiento en el mundo, nuestro cliente ideal, se irá a Costa Rica, México, o –colmo de la ironía-a Ecuador, en donde las organizaciones indígenas y campesinas ya tienen una visión racional de desarrollo sostenido para su país por la q apuestan.
Debe entender el pueblo loretano, el del Perú, en general, q el desarrollo de la Amazonia no pasa por un calco de modelos extraños. Somos diferentes. Amazonia hay una en el mundo y pronto, más temprano q tarde seremos el único Bosque Húmedo Tropical del Universo. Esa es nuestra legítima puesta en valor y debe ser nuestra apuesta. O morir.

HE DICHO

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